En mi continua búsqueda de un estilo de vida saludable, desde una edad muy temprana comencé a cuidar mi alimentación y, desde niña, siempre he practicado deporte con regularidad. Además de todo eso, el yoga  ha aparecido en diferentes momentos de mi vida pero fue hace unos meses cuando supe que llegaba para quedarse y, casi un año después, puedo decir que me ha transformado por dentro y por fuera.

El yoga es una práctica ancestral que busca el equilibrio del cuerpo y la mente. Su nombre proviene del sánscrito y significa «unión», la unión de nuestro «yo físico» y nuestro «yo emocional». Se estima que su origen se remonta hace más de 4.000 años y, durante este tiempo, ha ido cambiando y evolucionando, dando lugar a diferentes tipos de prácticas.

En enero de este año descubrí una de las modalidades más recientes y también una de las más mediáticas, Bikram Yoga. Creado por el maestro Bikram Choudhury, que popularizó su serie a principios de la década de 1970, tras sufrir una lesión de rodilla. Este tipo de yoga se practica en una sala a 40 grados de temperatura con un 40% – 50% de humedad. De este modo, además de de emular el clima de su país de origen, India, calentamos los músculos, potenciamos la flexibilidad y ayudamos a nuestro cuerpo a quemar la grasa y eliminar toxinas.

La serie Bikram Yoga consta de 26 asanas o posturas,  y dos ejercicios de respiración, que se repiten siempre en el mismo orden durante 90 minutos y puede llevarnos a consumir entre 800 y 1000 calorías. Es muy importante no confundirlo con el Hot Yoga, que también se practica con calor, pero no sigue la misma serie de asanas ni tiene los mismos beneficios.

Otra de las peculiaridades de Bikram Yoga es que se realiza frente a un espejo. Esto, además de ser un importante ejercicio de aceptación,  nos permite conectar con nosotros mismos a través de la meditación activa y corregir de manera permanente la alineación de nuestro cuerpo, para profundizar en cada postura. El instructor guía la práctica a través del diálogo, idéntico para todos los maestros certificados por Bikram Choudhury , que obliga a trabajar la escucha activa y permite practicar esta disciplina en cualquier lugar del mundo y con cualquiera de sus profesores.

No sé bien cual de todas estas características es la que me atrapó, si fueron todas ellas o si realmente confluyeron  el momento adecuado y la práctica adecuada. Solo sé que desde la primera clase supe que era exactamente lo que necesitaba y que en tan solo once meses se ha convertido en uno de los pilares de mi estilo de vida.

Los efectos físicos de estos once meses de práctica han sido un aumento de mi flexibilidad y de mi fuerza, dado que se trabajan ambos aspectos; mayor capacidad pulmonar, que noto especialmente al hacer running y al nadar; mejora de la salud de mi espalda; aumento de la concentración y una sensación de bienestar dificil de describir al final de cada práctica.

En definitiva, lo recomiendo a todo el mundo y como dice Bikram, «nunca eres demasiado viejo, ni estás demasiado enfermo, ni es demasiado tarde para comenzar esta práctica o comenzar de nuevo».


Nota: Los enlaces de este post direccionan a la Asociación Española de Bikram y también  al site de Bikram Yoga Zaragoza, la escuela que me ha descubierto y enseñado la práctica.